
Los uniformados de la patrulla JT-12 tienen atemorizados a vecinos y conductores de las colonias del Tenayo, El Puerto, Chalma y Exejido de San Lucas Patoni.

El propietario de este vehículo (un señor de 70 años) dijo que para el policía él le había parecido sospechoso por traer una camioneta último modelo, ese fue el motivo de la detención.

Una vez consumada su fechoría emprendieron la huida. “Al cabo las órdenes del alcalde de Tlalnepantla se las pasan por el “arco del triunfo”.
Por: González Calderoni
Tlalnepantla, Méx.- Mientras el Presidente Municipal de la “Tierra de Enmedio”, Raciel Pérez Cruz, preocupado por bajar la incidencia delictiva existente al interior de las comunidades de Tlalnepantla, conformando “Redes Vecinales” en cada una las colonias del municipio con el objetivo de prevenir situaciones de emergencia y salvaguardar la integridad de las y los habitantes. Policías de seguridad pública se dedican a extorsionar y vejar a los automovilistas que cruzan por territorio tlalnepantlense, sin ser de su competencia.
Muy difícil resulta erradicar las viejas prácticas enquistadas al interior de la corporación de policía de Tlalnepantla, mientras el mando policiaco, Jorge Alberto Gómez Estrella a quienes subordinados le llaman “La tartamuda”, exija el X-S a sus Jefes de Servicio, Jefes de Turno, la corrupción al interior de la comisaria nunca será erradicada.
Prueba esta como uniformados de la patrulla han convertido la vialidad Alfredo del Mazo en su reten propio, traen el distintivo JT-12, tienen atemorizados a vecinos y conductores de las colonias del Tenayo, El Puerto, Chalma y Exejido de San Lucas Patoni, la deshonestidad y podredumbre con que se desplazan, son acciones de delincuencia organizada, dicen que le tienen que entrar con la “tartamuda” y no les importa a quien corrompan.
Para los deleznables jefes y uniformados de la policía de Tlalnepantla, la celebración de Viacrucis, representa dinero sucio, corrupción y podredumbre, mientras las colonias, zonas habitacionales de Tlalnepantla se convierte en un “paisaje sangriento y dantesco”, donde los criminales operan a sus anchas con la complicidad de mismos uniformados.
