
Por Rafa Cruz.
En el Estado de México no hace falta mirar al cielo para imaginar la Luna: basta con mirar al suelo. Nuestras calles y avenidas parecen un catálogo de cráteres, una cartografía lunar hecha de asfalto mal puesto y corrupción bien sembrada.
BACHES CON APELLIDOS POLÍTICOS
Cada alcalde y cada gobernador promete “ahora sí” resolver el problema, pero la realidad es que los baches duran más que los propios gobiernos. Son la herencia que ningún partido se atreve a reclamar, porque todos han sido cómplices: PRI, PAN, PRD, Morena… da igual el color de la boleta, el negro del asfalto siempre termina igual: cuarteado y hundido.
EL COSTO DE LA INDIFERENCIA OFICIAL
Un bache no solo cuesta rines y suspensiones; cuesta vidas. Cada motociclista que cae, cada ciclista que se accidenta, cada familia que gasta lo que no tiene en el taller, es víctima de un crimen político silencioso: la negligencia. Mientras tanto, los funcionarios se limitan a dar entrevistas sobre “acciones emergentes” que nunca emergen más allá de la foto.
TRES NIVELES, CERO SOLUCIONES
Municipio, estado y federación juegan a la papa caliente con la responsabilidad. Si el hoyo está en tu calle, es culpa del ayuntamiento. Si está en una avenida, es del gobierno estatal. Y si es carretera, “ya vendrá el programa federal”. Resultado: tres esferas de poder y ni un solo metro cuadrado de asfalto bien hecho.
EL SHOW DEL “BACHETÓN”
Ahí está el ejemplo: cuadrillas improvisadas, toneladas de asfalto de dudosa calidad, funcionarios posando para la selfie. El “Bachetón” no es un programa de obra pública, es un programa de propaganda. Lo que debería ser mantenimiento vial se convierte en campaña política disfrazada. Y lo sabemos: a la primera lluvia, el bache resucita.
CRÁTERES CON HISTORIA
En colonias de Naucalpan, Ecatepec, Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli, Atizapán, Nezahualcóyotl, Tultitlán o Toluca hay baches con más antigüedad que el propio alcalde en turno. Vecinos ya los conocen por nombre, como si fueran parte del paisaje urbano. Se han vuelto tan permanentes que bien podrían entrar al catálogo de monumentos históricos del INAH.
CIUDADANOS DE RALLY, POLÍTICOS DE LUJO
El mexiquense común maneja como piloto de rally obligado: esquiva, frena, acelera y vuelve a esquivar. Mientras tanto, los políticos viajan en camionetas blindadas que jamás sienten un bache. Esa es la distancia real entre el poder y la ciudadanía: ellos arriba de sus suburbans; nosotros abajo, con los amortiguadores destrozados.
REFLEXIÓN INCÓMODA
El Estado de México no necesita más “operativos emergentes” ni más discursos. Necesita auditorías, contratos transparentes, materiales que duren y funcionarios que se hagan responsables. Mientras eso no ocurra, seguiremos manejando sobre esta Luna mexiquense… solo que aquí no hay astronautas, solo ciudadanos golpeados por la indiferencia.
